Sobreviviendo al bioemprendimiento - Lo aprendido después de intentarlo

6 minuto de lectura

Hace ya algo más de 4 años, comencé con mis amigos Hans Pieringer y Nicolás Ferreira una aventura que nos ha llevado a navegar por aguas turbulentas, pero que todos los días nos inspira a seguir adelante y aprender sobre las mil y una historias que hemos vivido.

De dichas historias vienen nuevos conocimientos que están lejos de ser verdades absolutas, pero que espero les puedan servir a quienes quieran dar este salto y bioemprender. Aquí van algunas de ellas:

No hay por qué volver a inventar la rueda…

Las ciencias son un mundo complejo, lleno de desafíos potentes que pueden cambiar el desarrollo de la humanidad y que nos maravillan día a día con los descubrimientos que se están generando en todo el mundo. Escuchamos de técnicas sacadas de películas de ciencia ficción, leemos sobre hipótesis que solucionan problemas fundamentales del desarrollo humano, nuestras herramientas son células, bacterias y virus, entre otros. ¿Puede sonar algo más increíble?

Pero este contexto no tiene por qué dictar que nuestras ideas para bioemprender sean así de complejas. La premisa tiene que ser: Soluciones simples para problemas simples, así de fácil. No es necesario que plantees las soluciones para revolucionar la medicina o la industria a nivel mundial, piensa en cosas pequeñas que tengan potencial y que sean factibles de desarrollar en un plazo razonable. Sino, vas a terminar en una maraña de I+D que estará lejos de plantear una solución a un problema real de hoy.

¡Hacer, hacer, hacer!…

Como científico tenemos una estructura mental muy rígida, lo cual es fundamental para desarrollar la investigación y generación de conocimientos con la solidez que requiere el desarrollo científico y académico.

Sin embargo, al momento de bioemprender es necesario sacarse el delantal de científico por un rato y abrirse a que no todo requiere esa rigidez. ¿Y por qué lo digo? Porque una de las máximas de cualquier emprendedor es HACER. Al final las ideas son nada sin acción y la rigidez que tenemos como científicos muchas veces nos impide precisamente eso.

Buscamos tener todo planeado y controlado, con todas las variables y controles estudiados, pero eso no ocurre al momento de bioemprender. Es necesario dar el salto de fe y ¡ponerse a trabajar cuanto antes! A fin de cuentas, lo que importa es lo que realmente haces, no lo que piensas, dices o planificas.

Empieza por el epicentro…

Cuando hay que hacer algo nuevo siempre van a existir cosas que podrías hacer, cosas que quieres hacer y cosas que debes hacer. Cada una de ellas son cosas que te tiran con fuerza hacia todas direcciones, pero es necesario que te centres en lo que realmente importa, lo que generalmente va a ser aquello que debes hacer.

Ahí está el epicentro, así que búscalo y encuéntralo. Cuando la respuesta a la pregunta ¿Qué parte de la ecuación no puede ser eliminada? sea una sola cosa, que es fundamental para tu proyecto, quiere decir que has logrado encontrar tu epicentro, así que enfócate en eso, termínalo y avanza al siguiente.

Aprende de tus errores…

Equivocarse no es malo, de hecho ¡es genial! Equivocarse es la mejor forma de aprender. Es la mejor forma para que las cosas te queden grabadas.

Como científicos, quizás, estemos un poco acostumbrados a esto, ya que no es secreto que más del 90% de los experimentos fallan por una u otra razón. Lo importante es ver cada una de esas fallas como un momento de aprendizaje y tomársela con andina, es decir, no verlo por el lado negativo, sino como algo positivo que te tiene que ayudar para seguir avanzando.

Empieza un “bionegocio”, no sólo un “bioempredimiento”…

Hay que tenerlo claro, te venden la pomada con que el emprendimiento es algo mágico, lleno de post-it, que está fuera de las leyes de los negocios, donde sólo hablamos de millones y millones, donde siempre van a existir los recursos necesarios para salir adelante, donde los productos se venden porque sí, donde el cliente siempre quiere lo que yo hago, entre otras absurdas verdades que andan dando vuelta por ahí. No, la cosa no es tan fácil.

Cualquier empresa1, por grande o chica que sea, se ve enfrentada a las mismas reglas donde existen fuerzas de mercado y reglas económicas. Ingresos entran, gastos salen y sin utilidad no hay futuro. Esa es la realidad. Y esto no tiene por qué ser un balde de agua fría, sino que te presenta un desafío enorme que tienes que tener en mente y sin miedo.

Las ciencias económicas y comerciales son un mundo distante del nuestro, pero de todas formas tienen su encanto. ¡Te lo digo en serio!

Aquí otra vez hay que salir del laboratorio y pensar más allá de los experimentos, ya que siempre te tienes que preguntar cosas como: ¿Cuál va a ser mi modelo de negocios?, ¿Quiénes serán mis clientes?, ¿Cuáles son los competidores? ¿Cuáles serán los márgenes? ¿Cómo voy a financierme? ¿Desde cuándo podré generar rentabilidad? y otras.

Decide qué harás esta semana, no todo el año…

Es verdad, no planificar generalmente te va a llevar al desastre, porque el que no sabe donde va no llega donde tiene que llegar. Pero aquí el concepto es otro, normalmente tiendes a hacer planes muy complejos que plantean un camino muy largo, pero al final es imposible que se cumpla.

La idea es que seas más realista con tu planificación y que entiendas que tiene que existir un norte, pero ese norte tiene un camino que cambia día a día, por lo que una planificación de una semana te tendrá preparado para cambiar el rumbo el próximo lunes si es necesario. De eso se trata, de tener la flexibilidad de poder enfrentar los cambios diarios que presenta el desarrollo de tu proyecto.

Busca y acércate a tu bloque de aliados…

No puedes hacer todo esto solo. Tus aliados tienen que ser las personas o empresas que puedan aportar al desarrollo o incluso consolidación de tu proyecto. No tengas miedo de contarles tu idea, ese es uno de los miedos más limitantes que existen.

Conocer y acercarte a tus aliados puede servir para encontrar a quienes pueden hacer las cosas un poco más fáciles en ciertas áreas, de modo que tú te dediques a lo que realmente sabes y te apasiona.

Además recuerda, siempre va a existir alguien que sepa hacer algo en particular mejor que tu, ya que tiene la experiencia previa de haberse atrevido, equivocado y aprendido. Busca a esas personas y pide su ayuda. Te sorprenderás cuanta gente está dispuesta a aportar aunque sea un granito de arena.

Trabaja en, con y para un equipo de verdad…

Y para terminar por hoy, uno de los pilares fundamentales: el EQUIPO. Soy un profundo admirador de quien pueda bioemprender solo, son muy pocos los elegidos. Para el resto de nosotros, el equipo de personas con que te desarrolles es fundamental, ya que te debe permitir siempre contar con el apoyo y la energía para seguir adelante.

Trabajar en un verdadero equipo te permite conversar las cosas, buscar acuerdos, tener diferentes miradas, poder dividir el trabajo, desarrollar las virtudes de cada uno, entre una serie de otras ventajas. Un equipo verdadero y potente va a lograr generar una personalidad propia como grupo y sacar lo mejor de cada uno de sus miembros.

Igualmente, una de las cosas que más valoro del trabajo en equipo es el apoyo que te pueden brindar tus compañeros en los momentos de flaqueza, porque todos tenemos días buenos y días malos, así que no hay nada mejor que contar realmente con alguien te saque de esos agujeros.

Como dije antes, estas no son verdades absolutas, pero sí son las experiencias que he vivido dentro de este este trio de personajes que decidieron bioemprender y que jamás se arrepentirán de ello.

Y ahora la gran pregunta: ¿Cuándo tú nos contarás lo que aprendiste sobreviviendo al bioemprendimiento?

Link | Sobreviviendo al bioemprendimiento: Lo aprendido después de intentarlo @ Redbionova.

  1. ¿Queda claro que, aunque algunos quieran creer lo contrario, un “emprendimiento” es a la larga una “empresa”? Esto da para otra columna, pero les dejo planteada la inquietud.

Comentar